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martes, 22 de diciembre de 2009

DOS POEMAS DE AMOR



à Nora Vitez, qui me fait chier.



1.

Yo
te arrancaría la piel de los labios para que sólo pudieras sonreír.
Te tiraría del pelo con fuerza y, cuando abrieras la boca para
gritar, metería
mi mano y extendería los dedos y así sonreirías aunque
no quisieras.


2.

Si así pudiera hacerte un poco más feliz
mataría a todas las focas bebé: con un
palo de hierro golpearía sus cabezas (no
demasiado fuerte para no dejar marcas
en la piel), las desnucaría despacito y
despellejaría para una gran empresa de
moda si así pudiera hacerte un poquito
más feliz, y luego arrancaría los todavía
infértiles sexos para hacer talismanes o
narcóticos o ensalmos o lo que sea que
hagan con los sexos de foca bebé. Y, si
así pudiera hacerte más feliz, dejaría el
resto de foca, ya fárrago de músculos y
saines y sangre, fundirse con el hielo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Recordaremos siempre la noche sin esperanza. Cómo la esperanza,
la luna llena se la había tragado de esta tierra. Cómo el
viento arrastraba arena sobre los campos, rompía las espigas,
hacía círculos alrededor del aquelarre. Las brujas bebían
sangre. Todas las imágenes alimentaban el miedo como la
sangre por las acequias alimentaba a los seres y las últimas
hojas de los sauces flotaban llenas de rojo. Una virgen de
rojo era devorada por los lobos a ritmo de un jazz lentísimo
que jodía los tímpanos. Hordas de zombis sitiaban la aldea,
se disputaban la carne de los perros sedientos, se bebían la poca
gasolina de los coches. Los campesinos esperaban con antorchas
y azadones en las manos, temblando. Las mujeres y los niños
se habían refugiado bajo tierra. Desde el viejo, viejo molino,
el loco gritaba profecías.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Poema

LA NIÑA DOS Y LAS DEMÁS





Aquellas niñas buscaban un recuerdo primero,
algo de abuelas: un yerro o una foto. El desván
era una estrella enana y muerta, muerta. Tan
muerta que podían mirarla desde cerca. Cayeron
en los agujeros negros de la edad en que todavía
se tiene edad, antes de darse cuenta. Cayeron
en la hipoteca y el tedio, aquellas niñas. Allí mismo
quedaron sepultadas, sus hijas sollozando.
Todo
en apenas un segundo.







Las niñas uno y dos habían leído en una revista
sobre un cantante guapo. Tenía vaqueros ajustados
y el pelo rubio se le metía en los ojos. Aquella noche
la niña dos no pudo dormir. La niña uno, mientras,
fue al escritorio de su padre y con lágrimas
en los ojos selló una carta a fecha
de un día antes. Luego llenó un vaso
de güisqui con hielo (tanto hielo
que al beberlo reventó en silencio).







Un día, la niña tres le dijo a la niña dos
que el Ratón Pérez no volvería a mirar
de más en sus almohadas. En venganza
la niña dos soltó a su perro Limbo
para que se la comiera. La niña tres
gritó que no era culpa de la tele, que no
era culpa de las marcas ni del aborto su
futuro fallido de antemano y sus cursos de
idiomas y divorcios. El eco de su rabia
se escucha todavía si te esfuerzas.







El papá de la niña dos tenía un piso
en la costa y un puro en la boca y un gatito
de porcelana cara en la repisa. Cuando la niña cuatro
preguntó a su papá qué era la soledad, él rió y
luego levantó los pies, acomodándose. La
niña cuatro volvió a su habitación
con la cabeza gacha. Hacía mucho tiempo
que sabía lo que eran los delfines,
las teteras y el rombo, pero nada de aquello
le dolería siempre.







La niña dos murió de celos
una tarde, cualquiera.







En aquel colegio obligaban a uniforme
a cuadros azulones. Las niñas
salían a su hora con las carpetas firmes, las medias
bien subidas, los tirantes. La más mayor
no tendría trece años. Una tarde
hicieron una visita al desván, a por recuerdos
y nadie volvió a verlas.

sábado, 29 de agosto de 2009

a Michel






y el hombre sin corazón

se tambaleaba como un borracho.
MALCOLM LOWRY

Conocí a un hombre que tenía tres manos: con
dos de ellas podía dibujar cosas que no sé; con
la otra extendida hacía daño al mundo. Vinieron vientos
raros del otro lado del mundo, gentes pequeñas
que buscaban arrancar corazones. Gentes pequeñas. Iban
pisando animales y haciendo ruido y corrían y
corrían y abrían mucho la boca y respiraban con
toda la fuerza de su pecho pequeño. Querían drenarlo
todo –aquellas gentes- y colonizarlo todo. En la noche
sacaban a los hombres de sus casas y les arrancaban
el corazón.
Y también buscaron a aquel hombre.

Ah,
gente que quiere arrancar corazones, pequeñas
gentes con miedo, gentes solas, ¿acaso no sabéis que es imposible
arrancar el corazón a un hombre con tres manos que
puede escalar montañas con dos manos y
sujetar su corazón al mismo tiempo?