
Las imágenes son tan peligrosas... Piden a gritos la muerte de nuestra memoria, el hombre sin su memoria inútil, fragmentada, imposible. Lo decía el bueno de Derian Passaglia de otra forma en su poemario Paseador de perros: las imágenes nunca dicen la verdad. Se justifican. muestran una realidad contraria a la realidad; antimateria que uno no se arrepiente de ver. Y necesitamos imágenes para calmar nuestra sed de respuesta, estímulo de llevar más allá la respuesta. Hoy, un asesinato sin imagen no lo es, y palabra es complemento de realidad autosuficiente en la imagen. Pasa, cuando vemos películas de directores de la talla de Aronofsky (Pi, Requiem for a dream, The fountain, The wrestler) que sustituyen cualquier coherencia estética o narrativa por un descontrol rítmico de imágenes sin pies ni cabeza. Imperio de imágenes hasta que el imperio se hace dictadura. Y las dictaduras funcionan si uno ve que no son tan, tan, tan, tan malas como dicen. Las imágenes son peligrosas, sí, y nosotros necesitamos muchas para sobrevivir. No tenemos derecho a fantasmas invisibles.
