lunes, 14 de septiembre de 2009

Terry Callier



Temazo de Callier y Robert Del Naja (Massive attack), con que empieza el notabilísimo disco Hidden Conversations (2009)

viernes, 11 de septiembre de 2009

POEMA PARA MI PRIMER AMANTE



Ahora que comprendo me gusta

pensar en tu horror: te habían dado una joven

loca de amor, largo cuerpo

lozano y crudo, delgado como un jabón

gastado, pechos redondos y turgentes y

opalinos como pompas de jabón,

colocada entre tus piernas, dieciocho años,

intacta. Me gusta entender tu

horror, ahora, la forma en que la tomaste,

desvirgándola como si destripases un pescado,

marchándote en la mañana hablando de una esposa.

Ahora que sé

algo del miedo al amor

me gusta pensar en tu cuerpo incandescente

verduzco como un pez sacado a tierra, retorciéndose

a palmetazos contra una roca –caída en tu

regazo, hombre, estremeciéndose como tu polla,

una mujer enajenada de amor, recién

salidita, punzante como una herramienta a estrenar,

centelleante sobre tus muslos y todo lo que

podías hacer con tanto horror era arrancar su fruto como a un

caracol para sacarlo de su negra concha y después

deshacerte de ella. Me intimida que el horror

se cobre tanto, estoy enamorada de la chica que fue

a ofrecerse, vino a ti y

lo dispuso todo como un manjar en una bandeja, la

dulce carne –sí, sí

acepto el regalo.



(Sharon Olds)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Inglorious basterds (Quentin Tarantino, 2009)



"El Führer asistirá a la proyección"


Al respecto de la última edición del festival de Cannes, Carlos F. Heredero escribía que después de una década marcada por el mestizaje entre ficción y documental, el panorama de este año apuntaba un retorno a la ficción. No muy lejos de esa reivindicación de la imposta debían andar las propuestas de -por ejemplo- Almodóvar, von Trier, Tarantino, o el cada vez más inaccesible y personal Alain Resnais. Se hablaba también en el texto de un retorno a paisajes de la memoria (así la memoria descompuesta de Los abrazos rotos o la memoria histórica de El lazo blanco). Y es quizás entre esas dos que nos encontramos con la última, inmensa propuesta de Tarantino: un filme que camina entre la reivindicación del espíritu macarra que tanto le gusta y la confusión de la memoria escrita con una memoria propia que nos lleva directamente a la materia que él conoce mejor: el cine.





Tras uno de los comienzos más abrumadores que se hayan visto en una película del americano (y ya hemos visto unos pocos), se nos mete de lleno en una historia de historias, una mentira de mentiras en que todo gira alrededor de un punto pero nunca sabemos cuál. Gracias en parte a un reparto inmenso de principio a final (el enorme Christoph Waltz pero también Mélanie Laurent o el mismo Brad Pitt bigote en ristre).




Podríamos decir que Inglorious Bastards es una suerte de 8 ½ Tarantino: al mismo tiempo una mina de sus tradicionales guiños y una reflexión sobre su creación. Pero la cosa no podía ser tan simple: dentro de una historia que se sostiene por sí sola sin ningún tipo de veracidad, colocando siempre al espectador en lugares que parecen no cuadrar, dispone un juego ficciones que se buscan sin encontrarse y se destrozan a base de caricaturas, vueltas de tuerca y unos diálogos que (aunque parezca imposible) se superan película a película.




La reflexión cinematográfica se hace explícita cuando la historia entera se vuelca en una sala de cine que será el lugar donde se crucen todas las farsas del filme y donde tendrá lugar la proyección de una película de propaganda nazi (con el notabilísimo Daniel Brühl como protagonista) que nos lleva directamente a ese uso del cine como creador de falsas verdades; y, como contrapartida, tenemos el cine como fuego purificador en una de las escenas más bestias y placenteras para el espectador que Tarantino haya filmado. Al fin y al cabo juega a ser director de películas nazis, a reescribir una verdad ideal en que él mismo es juez y parte y a matarse a sí mismo en todos y cada uno de los personajes que mueren, en la que es una apología absoluta de la imposta y el orgasmo fílmico.




Como el niño travieso o el macarra que es, se sirve de un juego de idiomas en los diálogos y una acción chocante para otorgar a esta falsa película histórica el sentido casi místico de sus anteriores cintas. La cámara se mueve siempre con un tacto difícil de encontrar en el cine de hoy, aunque más tranquila y sin caer en los órdagos visuales a que nos tiene acostumbrados. También el uso de la música parece haber evolucionado hacia una simplicidad siempre sorprendente. Siempre más maduro, siempre más complejo, su avance desde Reservoir dogs parece especialmente coherente después de esta película.




Es difícil hablar de una película como ésta -tan enrevesada y al mismo tiempo tan compacta- evitando desvelar detalles del guión, pero digamos que, en definitiva, Inglorious basterds es un juego macabro e impecablemente filmado que nos muestra a un Tarantino cada vez más suyo pero al mismo tiempo más calmado, capaz de reírse de su propio cine al mismo tiempo que lo reivindica; es su película menos neurálgica pero probablemente la mejor encajada; y es también una de las reflexiones más interesantes y complejas de los últimos años sobre la ficción del cine como lugar en que todo es posible.




martes, 8 de septiembre de 2009

LA BAJITA DEL RINCÓN OSCURO



Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.

Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.

Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.


(Luis Chaves)

domingo, 6 de septiembre de 2009

Poema

LA NIÑA DOS Y LAS DEMÁS





Aquellas niñas buscaban un recuerdo primero,
algo de abuelas: un yerro o una foto. El desván
era una estrella enana y muerta, muerta. Tan
muerta que podían mirarla desde cerca. Cayeron
en los agujeros negros de la edad en que todavía
se tiene edad, antes de darse cuenta. Cayeron
en la hipoteca y el tedio, aquellas niñas. Allí mismo
quedaron sepultadas, sus hijas sollozando.
Todo
en apenas un segundo.







Las niñas uno y dos habían leído en una revista
sobre un cantante guapo. Tenía vaqueros ajustados
y el pelo rubio se le metía en los ojos. Aquella noche
la niña dos no pudo dormir. La niña uno, mientras,
fue al escritorio de su padre y con lágrimas
en los ojos selló una carta a fecha
de un día antes. Luego llenó un vaso
de güisqui con hielo (tanto hielo
que al beberlo reventó en silencio).







Un día, la niña tres le dijo a la niña dos
que el Ratón Pérez no volvería a mirar
de más en sus almohadas. En venganza
la niña dos soltó a su perro Limbo
para que se la comiera. La niña tres
gritó que no era culpa de la tele, que no
era culpa de las marcas ni del aborto su
futuro fallido de antemano y sus cursos de
idiomas y divorcios. El eco de su rabia
se escucha todavía si te esfuerzas.







El papá de la niña dos tenía un piso
en la costa y un puro en la boca y un gatito
de porcelana cara en la repisa. Cuando la niña cuatro
preguntó a su papá qué era la soledad, él rió y
luego levantó los pies, acomodándose. La
niña cuatro volvió a su habitación
con la cabeza gacha. Hacía mucho tiempo
que sabía lo que eran los delfines,
las teteras y el rombo, pero nada de aquello
le dolería siempre.







La niña dos murió de celos
una tarde, cualquiera.







En aquel colegio obligaban a uniforme
a cuadros azulones. Las niñas
salían a su hora con las carpetas firmes, las medias
bien subidas, los tirantes. La más mayor
no tendría trece años. Una tarde
hicieron una visita al desván, a por recuerdos
y nadie volvió a verlas.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Chicago (Sufjan Stevens)

if I was crying
in the van, with my friend
it was for freedom
from myself and from the land
I made a lot of mistakes
I made a lot of mistakes
I made a lot of mistakes
I made a lot of mistakes



si lloraba
en la caravana, con mi amigo
era por la libertad,
por la nuestra y por la de aquella tierra.
Cometí muchos errores.
Cometí muchos errores.
Cometí muchos errores.
Cometí muchos errores.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El cuento de los cuentos (Yuri Norstein)

Al igual que sus películas, el director Yuri Norstein no es un director cualquiera. Fue declarado el mejor animador de todos los tiempos en Los Ángeles, en 1984, por apenas unas cuantas obras. Sobre todo ésta de la que hablamos y Erizo en la niebla (1975). Trabaja en su último largo -basado en El abrigo de Nikolái Gógol-, desde hace casi veinticinco años. La obra de su vida, plagada de dificultades y avanzando a menos de diez minutos por año.

No sé si Norsteim es el mejor animador de todos los tiempos; lo que está claro es que El cuento de los cuentos (1979) es una de las películas de animación más inmensas que se han podido hacer. Una de esas películas que se quedan en la memoria. Trabajada como sueños superpuestos, es además un estudio de las conexiones de la memoria visual, que juega a sacralizar los objetos para darles un valor diferente al real, un valor que tiene que ver con las sensaciones que se nos muestran. Así, una manzana puede ser en nuestra cabeza mucho más que una manzana. Pero no voy a seguir por ahí, porque es menospreciar un filme mucho más enorme que todo eso, uno de esos filmes que irradian una emoción verdadera, natural, que hace llorar de sorpresa. Dibujada a mano al cien por cien (aunque por momentos pueda parecer imposible) utiliza una técnica en la que, a través de la superposición de láminas de vidrio, se consigue una sensación de dimensionalidad que permite una cantidad increíble de efectos visuales. Pero lo vais a ver solitos, vais a ver que no se parece a nada existente. O sí: a la Época Negra de Goya, al misterio de Rothko, a la poesía de Lorca, de Whitman, a Un perro andaluz, a Alicia, a los dibujos de Gorey y de Blake, a todo junto, grande, grande, grande, mágico.

Fina García Marruz

CINE MUDO

No es que le falte
el sonido,
es que tiene
el silencio.


Y SIN EMBARGO SÉ QUE SON TINIEBLAS

Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro
y sin embargo sé que son tinieblas.

Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.

Cuando de pronto el mundo da ese acento
distinto, cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,

comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.


(Fina García Marruz)

martes, 1 de septiembre de 2009

Ten minutes older (Herz Franz)

Pese a toda la propaganda que ha tenido a propósito de Ten minutes older: the trumpet y Ten minutes older: the cello, nunca es tarde para descubrir a los que llegan tarde uno de los cortos al mismo tiempo más humildes y que denotan un uso más sutil de la cámara que servidor haya podido ver.

Herz Franz, como heredero reconocido de Vertov, jugó a la recuperación de una poética del documental. Como Vertov, también, sus imágenes tienen algo caótico y definitivo, algo que se cuela en tú cabeza y -no importa hace cuándo hayas visto sus filmes; en mi caso fue hace años- es imposible olvidar.

Ten minutes older (1978) es, como el otro gran corto de Franz, The song of songs (1989) el resultado de un uso del plano secuencia. Un plano secuencia de diez minutos que nos muestra la cara de unos niños mientras ven un espectáculo de marionetas. Por sus caras -sobre todo por la de uno de ellos- vamos a ver pasar toda una vida; una vida en diez minutos. Lo que guarda de espectacular Ten minutes older, es en definitiva la poética y la fuerza conceptual de un corto completamente casual (no hay nada de preparado en las expresiones del niño). Su brutal reflexión es resultado de todo lo que la realidad, limpia, sin manipular, puede guardar de poético.

ADVERTENCIA: antes de ver el video piénsatelo bien; recuerda que después serás diez minutos más viejo.